Intreyidez: cómo dejar de correr desde el espacio.

Pasamos nuestros días llenando cada espacio disponible, abarrotando más tareas, respondiendo mensajes, revisando las redes sociales y sitios en línea, viendo videos.
Tenemos miedo al espacio vacío en nuestras vidas.
El resultado es a menudo un ajetreo continuo, distracción y evasión constantes, falta de concentración, falta de satisfacción con nuestras vidas.
Huimos del silencio. Corrimos desde los espacios entre tareas y citas. Huimos de la soledad y la quietud. Intentamos llenar cada segundo de actividad, de algo útil, como si el silencio y el espacio no valieran.
Pero, ¿de qué tenemos miedo?
¿Y quiénes seríamos si no tuviéramos ese miedo?
Tememos el espacio, la quietud y el silencio porque resalta la incertidumbre, la inestabilidad, la falta de fundamento, la inseguridad, la inestabilidad que subyace a cada segundo de nuestras vidas. Tenemos miedo de tener que afrontar esta inestabilidad e incertidumbre, de tener que sentir el miedo.
Sin el miedo a toda la incertidumbre que destaca el espacio… nos volvemos libres.
Sé que en mi vida, cuando me permito tener quietud, silencio, soledad, sencillez y espacio… deja espacio para enfrentar lo que se me presente. Me da espacio para sentir completamente cualquier sentimiento que he estado evitando. Me permite ser más honesto conmigo mismo, en lugar de usar distracciones y ocupaciones para encubrir lo que no quiero ver.
Y al final, desarrollo la confianza en que el espacio no es algo que se deba temer, sino algo que se debe atesorar. Un regalo, lleno de aprendizaje y desconocimiento, temblores y belleza.
Puede intentar dejar más espacio en su día, sin llenarlo:

  • Tómese un tiempo entre tareas para estar quieto.
  • Siéntese en la naturaleza, en silencio, sin tecnología.
  • Cuando notes que estás buscando tu teléfono, haz una pausa. Vea si puede quedarse quieto, simplemente saborear un poco de espacio.
  • Cuando sienta incertidumbre o inestabilidad en su vida (pista: siempre está ahí), permítase sentirlo. Esté presente con él, sin necesidad de correr o esquivarlo.
  • Cuando sienta miedo, sea sincero con él y permítase sentirlo plenamente, siendo amigable con él. Tu relación con el miedo cambiará si te haces amiga de él.
  • Haga menos y confíe en que las cosas no se desmoronarán. O si se desmoronan, puede estar presente con esa inestabilidad.
  • Cuando estás en la fila, conduciendo, comiendo, caminando, haciendo ejercicio … mira si puedes hacer esas cosas en silencio, sin tecnología, sin necesidad de hacer algo «útil». Encuentra el valor en estos espacios.
  • Fíjate quién eres sin miedo al espacio.

Saborea estos espacios, su delicia. Saborea la falta de fundamento, como algo lleno de libertad si aprendemos a no temerle. Esté presente con el miedo y la incertidumbre, como buenos amigos, no como enemigos.
Deja que tu corazón se abra, crudo, tierno y vulnerable, y que tu mente abrace la amplitud del vasto cielo azul de la conciencia abierta.

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